Volcán Guagua Pichincha

El 7 de octubre de 1999, alrededor de las 7:00 de la mañana, mientras preparaba el desayuno para mis hijos en mi casa en Quito, Ecuador, al mirar por la ventana de la cocina vi que los vecinos de al frente estaban todos asomados a la ventana, mirando animadamente la cumbre de la montaña en que está situada mi casa.  Estaba al punto de salir a ver qué pasaba cuando timbraron a la puerta, diciendo: -¡Venga, traiga su cámara, el volcán está erupcionando!

Agarré la cámara y salí.  Pude sacar una secuencia de cinco fotos.  (Afortunadamente ya estaba puesto el lente de ángulo amplio.)  La fota vista aquí es la primera de la serie.  Para ver toda la serie, haga click aquí.  (Aviso: puede demorarse bajar todas las cinco fotos!)

La casa nuestra es la de mano izquierda.  Les aseguro que estas fotos están completamente sin editarse.  ¡Lo que se ve es lo que vi al sacarlas!  Toda la secuencia duró unos 10 o 15 minutos no más!  La nube hongo parece peligrosa, pero resultó ser mayormente vapor de agua, y no cayó nada de ceniza en mi casa en esta ocasión, aunque ¡fue la explosión más impresionante que he visto hasta el momento!  Alcanzó una altura de unos 20 kilómetros.

¿No nos da miedo vivir en la falda de un volcán activo?  Pues realmente el riesgo es mínimo.  La montaña (Pichincha) es un masivo inmenso, y tiene dos cerros principales, los dos con más o menos la misma altura (poco menos de 5.000 metros).  El cerro extinto (el Rucu Pichincha) está situado precisamente entre nosotros y el cerro activo (el Guagua Pichincha), y nos bloquea de cualquier peligro de lava y de los efectos directos de una explosión.  En realidad el único riesgo que corremos es el de ceniza volcánica, la cual ya ha caído sobre la ciudad en varias ocasiones.  Dicha ceniza ya está fría en el momento de caerse, y la acumulación más profunda ha sido de sólo unos 2 milímetros.  No ha llegado a ser más que una mera molestía, aunque si no se barre la ceniza puede llegar a tapar los desagües, y si uno sale durante su caída, el ácido sulfúrico que contiene puede dejar ardidos los ojos.  Además ¡es bien pesada la ceniza, y romperá cualquier bolsa de plástico para basura que se llene hasta más de unos 10 centímetros!


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